Cerrar la Puerta de los Sentidos
“Aquí un bhikku (un practicante espiritual), cuando ve un objeto visible con el ojo, no trata de agarrar sus rasgos mayores ni sus características secundarias. Porque la codicia y la aflicción, estados negativos impropios, le abrumarían si dejara sin vigilancia la facultad de la visión. Por lo que practica la vigilancia, protege la facultad de la visión, desarrolla la abstinencia de la facultad visual”.
Buda
Enseñanzas a Poṭṭhapāda
Ayya Khema. “¿Quién es mi yo?”. Apple Books.
"Perfeccionar cualquier cosa comporta una práctica. Sin embargo, lo mejor es no pensar que esta práctica se nos impone desde el exterior, sino que más bien es algo que nos imponemos nosotros mismos porque comprendemos que al conquistar nuestros propios instintos e impulsos negativos llegaremos a conquistar todas las ilusiones que generan nuestro dukkha. Cada paso de la enseñanza del Buddha está concebido para acercarnos a este propósito. «No ve[r] ningún peligro en ningún lado» obviamente aporta un sentimiento de seguridad. Al saber que no hemos hecho nada mal no nos sentimos culpables, no tenemos ningún sentimiento de omisión o deuda, y por lo tanto nos sentimos mucho más tranquilos".
Ayya Khema. “¿Quién es mi yo?”. Apple Books.
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A IV 83
Abril 28 - La verdadera cadena
(Citta dueño de casa se dirige a los bhikkhus)
"Venerables, justo como un buey negro y un buey blanco, atados ambos por una cuerda o una junta. Si uno dijera: que el buey negro es la cadena del buey blanco y el buey blanco es la cadena del buey negro, ¿estaría uno hablando correctamente?"
"No lo estaría, ‘dueño de casa'."
"Ni el buey negro es la cadena del buey blanco, ni el buey blanco es la cadena del buey negro, estos están encadenados por la cuerda o por la junta. De la misma manera Venerables, el ojo no es la cadena de las formas, ni las formas son la cadena del ojo, mejor dicho, el deseo apasionado que surge debido a ambos allí, en ese lugar esta la cadena.
Ni el oído es la cadena de los sonidos, ni los sonidos son la cadena del oído, mejor dicho, el deseo apasionado que surge debido a ambos allí, en ese lugar esta la cadena.
Ni la nariz es la cadena de los olores, ni los olores son la cadena de la nariz, mejor dicho, el deseo apasionado que surge debido a ambos allí, en ese lugar esta la cadena.
Ni la lengua es la cadena de los sabores, ni los sabores son la cadena de la lengua, mejor dicho, el deseo apasionado que surge debido a ambos allí, en ese lugar esta la cadena.
Ni el cuerpo es la cadena de los objetos táctiles, ni los objetos táctiles son la cadena del cuerpo, mejor dicho, el deseo apasionado que surge debido a ambos allí, en ese lugar esta la cadena.
Ni la mente es la cadena de pensamientos, ni los pensamientos son la cadena de la mente, mejor dicho, el deseo apasionado que surge debido a ambos allí, en ese lugar esta la cadena."
"Es provechoso para ti ‘dueño de casa', bien adquirido ‘dueño de casa', tienes el ojo de la sabiduría que es consistente con la Enseñanza de Buddha difícil de percibir."
http://portalbuddhista.net/node/297
ver en MITI Dharma
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Cerrar la Puerta de los Sentidos
LA RESTRICCION DE LOS SENTIDOS
a) Del Saundaranandakavya de Ashvaghosha
Estableciéndose en la atención, uno debe sujetar los sentidos, inestables por naturaleza, de los objetos. Fuego, serpientes y relámpagos son menos nuestros enemigos que nuestros propios sentidos, mucho mas peligrosos. Porque nos asedian todo el tiempo. Aun los más viciosos enemigos pueden atacar únicamente a alguna gente en determinados momentos y no en otros, pero todo el mundo está siempre y en todo lugar abrumado por sus sentidos. La gente no va al infierno porque algún enemigo lo golpeo y lo envió ahí, sino que a causa de que han sido golpeados por sus propios inestables sentidos que son irremediablemente arrojados ahí. Aquellos atacados por enemigos externos pueden, o no, sufrir heridas en sus espíritus; pero aquellos que son golpeados por los sentidos sufren tanto en el cuerpo como en el espíritu. Porque los cinco sentidos son más bien parecidos a las flechas que han sido embadurnadas con el veneno de las fantasías, las plumas son las inquietudes y la punta es la felicidad; y vuelan por el espacio que ha sido provisto por la variedad de los objetos de los sentidos; disparadas por “kama”, el Dios del Amor, hieren al hombre en sus corazones como un cazador hiere a un ciervo, y si el hombre no sabe como protegerse de estas flechas, ellas serán su ruina; cuando se acercan a nosotros debemos estar firmes en nuestro propio control, ser ágiles y decididos, y protegernos de ellas con nuestra gran armadura de la atención plena. Como un hombre que ha sometido a sus enemigos puede vivir y dormir en cualquier lugar fácilmente y sin preocupaciones, así puede hacerlo también aquel que ha pacificado sus sentidos. Porque los sentidos constantemente demandan más a través de los objetos mundanos, y normalmente se comportan como perros voraces que nunca pueden ser saciados. Este tumulto desordenado de los sentidos nunca puede alcanzar la saciedad con ninguna cantidad de objetos sensibles; son mas bien como el mar, que indefinidamente se está llenado con agua.
En este mundo no puede evitarse que los sentidos estén activos, cada uno en su propia esfera. Pero no debería permitírseles que se agarren ni a los aspectos generales de un objeto ni a sus particularidades. Cuando se toma un objeto visual con los ojos, debe solamente determinarse los elementos básicos (lo que representa, por ejemplo, es un objeto visual), y bajo ninguna circunstancia deberá imaginársele como, digamos, una “mujer” o un “hombre”. Pero si de vez en cuando se capta inadvertidamente algo como una “mujer” o un “hombre”, no debería seguírsele determinando como preciosos a los cabellos, dientes, etc. Nada debe ser substraído de los datos, nada debe agregárseles; debe ser visto como realmente es, como lo que es en la verdadera realidad.
Si de esta manera trata de buscar continuamente la verdadera realidad en lo que los sentidos nos presenta, avidez y aversión dejaran de tener pronto una base de sostén. La avidez arruina a aquellos seres vivientes que están predispuestos al gozo sensual a través de formas placenteras, como un enemigo con una cara amistosa que habla palabras de amor pero planea actos obscuros. Pero lo que se denomina “aversión” es una especie de enojo dirigido hacia ciertos objetos, y cualquiera que esté lo suficientemente engañado por los sentidos para perseguirlos, está destinado a sufrir ya sea en esta vida o en una futura. Afligidos por los placeres y desplaceres, como por un excesivo calor o frío, los hombres nunca encontrarán ni la felicidad ni el bien supremo mientras pongan su confianza en los inestables sentidos.
Saundaranandakavya, xiii, 30-56
b) Del Prajnaparamita
El Señor: Cuando él practica la perfección de la meditación por el bien de otros seres su mente deja de distraerse. Porque reflexiona que “aun la meditación mundana es difícil de lograr debido a los pensamientos que distraen, cuanto más la plena iluminación. Por ello, debo permanecer sin distracción hasta que gane la completa iluminación”. ... Aun más, Subhuti, un Bodhisattva, comenzando con el primer pensamiento de iluminación, practica la perfección de meditación. Sus actividades mentales están asociadas con el conocimiento de todos los modos cuando él entra en meditación. Cuando ha visto formas con sus ojos, no se agarra de ellas como signos de realidades que le conciernen, ni está interesado en los detalles accesorios. Él está determinado a restringir aquello que, si él no restringe su órgano de visión, puede darle la ocasión para que la avidez, tristeza u otras nocivas e insanas dharmas alcancen sus corazón. Él cuida el órgano de la visión. Y lo mismo con los otro cinco órganos sensoriales: oído, nariz, lengua, cuerpo y mente.
Ya sea que camine o se pare, se siente o acueste, hable o permanezca en silencio, su concentración no lo deja. Sus manos o pies están quietos y no gesticula; no es incoherente en su hablar, confuso en sus sentidos, exaltado o excitado, inconstante o inactivo, agitado en cuerpo y mente. Calma su cuerpo, calma su voz, calma su mente. Su apariencia muestra complacencia, tanto en privado como en publico... Es frugal, fácil de alimentar, fácil de servir, de buena vida y hábitos; aun en una multitud él permanece separado; balanceado y sin cambios en ganancia o perdida; ni alborozado ni abatido. Así en felicidad o sufrimiento, en alabanza o culpa, en fama o desprestigio, en vida o muerte, él es el mismo imperturbable, ni alborozado ni abatido. Y así con enemigos o amigos, con lo que es placentero o desagradable, con hombres santos y no santos, con ruidos o música, con formas que son deseable o indeseables, él permanece igual, ni alborozado ni abatido. ¿Por qué? Porque él ve todos los dharmas como vacíos de marcas propias, sin ninguna realidad verdadera, incompletos e increados.
Prajnaparamita, ch. 68.
c) Del Visuddhimagga
Ésta es la moralidad que consiste en la restricción de los sentidos: “Aquí alguien:
II. Habiendo visto una forma con su ojo, él no se aferra a su apariencia general ni a los detalles de ella. Aquello que podría, mientras él permanezca sin controlar la facultad del ojo, dar la ocasión a que codiciosas, tristes, nocivas e insanas dharmas lo inunden; eso él mismo se propone restringir; él protege la facultad del ojo, y la controla. Y de la misma manera (2) cuando escucha sonidos con su oído, (3) huele olores con su nariz, (4) saborea sabores con su lengua, (5) toca objetos táctiles con su cuerpo, (6) conoce objetos mentales (dhammas) con la mente” (M. i.180).
“Habiendo visto una forma con su ojo”: Cuando él ha visto una forma con la conciencia visual que es capaz de ver las formas visibles, y que en el lenguaje común normalmente se le llama el “ojo”, a pesar de que en realidad es su instrumento. Los Antiguos dijeron: “El ojo no puede ver formas porque no tiene conciencia, la conciencia no puede ver formas porque no tiene ojo. Cuando el objeto toca la puerta (de la vista) uno ve con la conciencia que tiene como base la sensibilidad del ojo”. En la expresión “uno ve con el ojo”, sólo se está indicando el equipo accesorio, de la misma manera que se puede decir “uno dispara con un arco” (y no “con una flecha”). Por ello, el significado aquí es: “Habiendo visto una forma con la conciencia visual”.
“Él no se aferra a su apariencia general (literalmente ‘el signo’)”: Él no se aferra a su apariencia como hombre o mujer, o su apariencia como atractiva, etc., que da las bases a las pasiones que contaminan. Pero él se detiene ante lo que es realmente visto. “Él no se aferra a los detalles de ésta”: No se aferra en la variedad de las características accesorias, como las manos o pies, la sonrisa, la risa, el habla, viendo aquí, viendo allá, etc., las cuales son llamadas en el habla común “detalles” (anubyañjana) porque ellos manifiestan las pasiones que contaminan, contaminándolos (byañjanato) una y otra vez (anu anu). Pero él toma únicamente lo que realmente es, es decir, las impuras 32 partes del cuerpo, como Mahatissa, el Viejo, que vivió en el Monte Cetiya. Una vez el Viejo fue del Monte Cetiya a Anuradhapura, para obtener alimentos. En cierta familia la nuera había peleado con su marido, y adornada y embellecida como una doncella celestial, salió temprano en la mañana de Anuradhapura y fue a quedarse con algunos parientes. En el camino ella vio al Viejo, y como su mente estaba pervertida, se rió fuertemente. El Viejo miro para ver cual era el motivo, y al ver sus dientes (huesos), él adquirió la noción de la repulsión (impureza), y así alcanzo el estado de Arahant... El marido que corrió tras ella por un camino, vio al Viejo, y le preguntó si por casualidad había visto a una mujer. El Viejo respondió:
“Que lo que atravesó aquí fuese un hombre o una mujer, no lo sé.
Pero un conjunto de huesos se está moviendo ahora a lo largo del camino principal”.
“Aquello que podría...”: Aquello que podría ser la razón, o la no-restricción de la facultad del ojo que podría ser la causa, porque en esta persona, cuando permanece sin restringir la facultad del ojo con la puerta de la atención plena, es decir, cuando ha dejado abierta la puerta del ojo, tales dhammas como avidez, etc., lo inundan, lo persiguen y lo sumergen. “Eso él mismo se propone restringir”: Él se pone a sí mismo a cerrar la facultad del ojo con la puerta de la atención plena. A aquel que se pone a sí mismo a hacer esto, de él se dice que “él protege la facultad del ojo, “y la controla”.
Pero no es en referencia a la facultad del ojo en sí misma que haya restricción o no restricción (no se aplica la etapa inicial del impacto de un estimulo en el ojo), y no es respecto al ojo considerado como un órgano sensitivo que surja la atención plena o la falta de ésta. Pero es en (la etapa de apercepción del objeto, con tal y tal sentido y significación, y la reacción volitiva hacia él, lo que técnicamente se conoce como) el “momento impulsivo”, en donde hay falta de restricción, entonces es cuando surge la inmoralidad, o falta de atención plena, o falta de conocimiento, falta de paciencia o pereza. Sin embargo uno habla de la no-restricción del sentido de la vista. ¿Y por qué? Porque cuando la mente está en esa condición, también la puerta (del ojo) está descuidada. La situación puede compararse con la de una ciudad: cuando sus cuatro puertas están descuidadas, entonces, a pesar de que en el interior de la ciudad las puertas de las casas, las tiendas y las habitaciones privadas estén bien cuidadas, sin embargo todas las propiedades en la ciudad están realmente descuidadas y desprotegidas, y los ladrones pueden, una vez que hayan atravesado las puertas de la ciudad, hacer lo que les plazca. En el mismo sentido también la puerta (del ojo) está descuidada cuando, como consecuencia del surgir de la falta de moralidad, etc., hay una falta de restricción en el “momento impulsivo”.
Pero cuando la moralidad, etc., surge en ese momento, entonces la puerta (de la vista) también está protegida. De nuevo, de la misma manera que con la ciudad: Cuando las puertas de la ciudad están bien cuidadas, entonces, a pesar de que en el interior las puertas de las casas, etc. estén descuidadas, sin embargo toda la propiedad dentro de la ciudad está realmente bien cuidada y bien protegida; porque al estar cerradas las puertas de la ciudad los ladrones no pueden entrar. Así también la puerta (del ojo) esta cuidada cuando la moralidad, etc, surge en el “momento impulsivo”.
La misma explicación se aplica a: Cuando él ha oído sonidos con los oídos, etc. La restricción de los sentidos así consiste, en breve, en evitar aferrarse a la apariencia general, etc., de los objetos visuales, etc., que conduce a que uno sea perseguido por las pasiones que contaminan.
Y esto debería alcanzarse por medio de la atención plena. Por que en la medida que los órganos de los sentidos estén controlados por la atención plena, éstos ya no son afectados por la avidez, etc.
Por lo tanto nosotros deberíamos recordar el Discurso del Fuego (S. iv, 168) que dice:
“Monjes, sería mejor si el ojo fuera tocado con una barra de hierro caliente al rojo vivo, ardiendo, en flamas, que uno aprehenda con el ojo ya sea la apariencia general o los detalles de las formas visibles”. El discípulo debería alcanzar un completo control de los sentidos y, por medio de la atención plena constante, él debería evitar aprehender la apariencia general, etc., que produce que la conciencia del surge de la puerta del ojo, etc., con las formas visibles, etc., como rango (provincia), esté inundada por la avidez, etc.
Y uno debería ser como Cittagutta, el Viejo, que vivía en la gran cueva Kurandaka. En esa cueva había un hermoso fresco que describía la renunciación de siete Buddhas. Un día numerosos monjes estaban deambulando cerca de la cueva, yendo de un aposento a otro. Ellos vieron la pintura y dijeron: “¡Venerable, que pintura más hermosa!” El Viejo respondió: “Hermanos, he residido en esta cueva por más de sesenta años y no sabía que aquí había una pintura. Hoy ustedes que usan sus ojos me lo han dicho”. Por todo ese tiempo que había vivido allí el Viejo nunca había levantado sus ojos e inspeccionado la cueva. En la entrada de la cueva había un gran árbol palo de hierro. A éste el Viejo tampoco nunca había mirado, pero él sabía que estaba en flor todos los años cuando veía los filamentos que habían caído al suelo.
Todos los hijos de buena familia que realmente desean su bienestar, por lo tanto, deberían recordar:
“Que el ojo no divague como el mono en la selva o tiemble como el ciervo en el bosque o como el niño asustado. Los ojos deberían mirar hacia abajo; deberían mirar la distancia de un yugo. Él no debería caer en poder de la mente que es como un mono en la selva”.
Visuddhimagga, i 42, 53-59, 100, 104-5, 109
EL CAMINO A LA SABIDURÍA:
LAS CINCO FACULTADES ESPIRITUALES*
Edward Conze
Traducción española por Virginia Etienne
http://www.btmar.org/files/fdd/caminoalasabiduria.htm
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Vigilar los Sentidos
Enseñanzas del Buddha a Poṭṭhapāda
Ayya Khema. “¿Quién es mi yo?”. Apple Books.
«2. Vigilar los sentidos:
atención y comprensión clara
Tras explicar este primer paso, a continuación el Buddha le dice a Poṭṭhapāda:
“[…] el monje que ha perfeccionado la disciplina ética no ve ningún peligro en ningún lado al estar sujeto a la disciplina ética”.
Perfeccionar cualquier cosa comporta una práctica. Sin embargo, lo mejor es no pensar que esta práctica se nos impone desde el exterior, sino que más bien es algo que nos imponemos nosotros mismos porque comprendemos que al conquistar nuestros propios instintos e impulsos negativos llegaremos a conquistar todas las ilusiones que generan nuestro dukkha. Cada paso de la enseñanza del Buddha está concebido para acercarnos a este propósito. «No ve[r] ningún peligro en ningún lado» obviamente aporta un sentimiento de seguridad. Al saber que no hemos hecho nada mal no nos sentimos culpables, no tenemos ningún sentimiento de omisión o deuda, y por lo tanto nos sentimos mucho más tranquilos.
“Al igual que un rey Khattiya debidamente ungido, habiendo conquistado a sus enemigos, no ve ningún peligro por ningún lado, del mismo modo el monje, debido a su disciplina ética, no ve ningún peligro por ningún lado. Experimenta en él la beatitud intachable que surge al mantener esta disciplina ética propia de un Ariya.”
La palabra beatitud indica una “alegría interna”. No se trata de la beatitud meditativa, que analizaremos en un capítulo posterior, sino un sentimiento de satisfacción que surge de saber que estamos libres de culpa y de todo peligro por parte de nuestras aflicciones. Ariya significa “noble”: la disciplina ética de los Ariyas requiere un mayor grado de renuncia que el mero cumplimiento de los cinco preceptos. Como hemos visto, por ejemplo, el tercer precepto (la renuncia a las relaciones sexuales impropias) pasa entonces a la abstinencia o celibato.
A continuación, el Buddha pasa al siguiente paso, “vigilar las puertas de los sentidos”. Todavía no se dispone a responder a la pregunta de Poṭṭhapāda sobre la extinción suprema de la conciencia. Llegados a este nivel, resulta evidente que sabe que Poṭṭhapāda sería incapaz de comprender la respuesta.
“Aquí un monje, cuando ve un objeto visible con el ojo, no trata de agarrar sus rasgos mayores ni sus características secundarias. Porque la codicia y la aflicción, estados negativos impropios, le abrumarían si dejara sin vigilancia la facultad de la visión. Por lo que practica la vigilancia, protege la facultad de la visión, desarrolla la abstinencia de la facultad visual”.
A continuación se repite lo mismo para los demás sentidos:
“Cuando oye un sonido con la oreja […]. Cuando huele un olor con la nariz […]. Cuando prueba un sabor con la lengua […]. Cuando siente un sensación con el cuerpo […]. Cuando piensa en un pensamiento con la mente […]”.
Entonces el Buddha dice:
“Experimenta en él la beatitud intachable que surge al mantener esta vigilancia de los sentidos propia de un Ariya. De este modo […], un monje es un guardián de las puertas de los sentidos”.
La mayoría de las veces se comprende y se practica mal este punto. Se suele tomar en el sentido de no mirar, no escuchar, no probar, no tocar, pero esto resulta más bien imposible. Nuestros sentidos están allí; hay que mirar, escuchar, probar, tocar, oler. Del mismo modo, nuestra mente rechaza no pensar, como sabemos muy bien por nuestra práctica de la mediación. Aun así, a menudo se enseña este tipo de práctica.
Por supuesto es cierto que si no miramos algo no podrá alterarnos. Pero ¿cómo podemos evitar mirar, especialmente en la vida cotidiana, en el día a día? Es muy importante que entendamos lo que dice este pasaje, especialmente si queremos vivir según los preceptos éticos. «No trata de agarrar sus rasgos mayores ni sus características secundarias.» Cuando el ojo ve, simplemente constata el color y la forma, todo el resto sucede en la mente. Por ejemplo, cuando vemos un trozo de chocolate, el ojo solo ve la forma marrón. Es la mente la que dice: «¡Ah, chocolate! ¡Qué rico, quiero un trozo!». No tratar de agarrar los rasgos mayores ni las características secundarias es impedir que la mente haga precisamente esto.
Podemos practicarlo fácilmente con cualquier cosa que nos guste mucho o que nos desagrade mucho. Los dos sentidos más fuertes son la visión y la audición, por lo que podemos elegir uno de los dos y observar cómo reacciona la mente, darnos cuenta de la vocecita interior. La oreja o el ojo no pueden decidir lo que oyen o lo que ven. Por ejemplo, la oreja oye el sonido de un camión, la mente dice: «Camión», y luego dice: «Qué ruidoso, qué desagradable, así no hay quien medite». Todo esto viene de la mente, no tiene nada que ver con el sonido en sí. El sonido solo es sonido, el color solo es color, la forma solo es forma.
A veces a las personas que toman el precepto del celibato se les recomienda no mirar a los miembros del sexo opuesto. Pero ¿cómo se puede hacer? He conocido monjes que lo han intentado, pero ello lleva a relaciones artificiales y embarazosas. ¿Cómo puedes hablar con alguien que, de forma deliberada, evita mirarte? Esto no es lo que quiere decir vigilar las puertas de los sentidos, sino que cuando el ojo ve una forma y la mente dice: «Hombre» o «Mujer», nos detenemos aquí. No permitimos que la mente añada nada más, porque cualquier otra cosa que diga dará origen a la codicia o al odio, en función de la situación. La mayoría de nosotros somos capaces de hacer esta práctica y ello puede hacer la vida mucho más fácil. Supongamos que vamos de compras y hacemos una lista con todas las cosas que realmente necesitamos, pero entonces nuestro ojo se siente atraído por la enorme variedad de productos en venta, todos ellos en bonitos envoltorios, todos a nuestra disposición, algunos incluso en oferta. Inmediatamente la mente se siente interesada por ellos y acabamos comprando muchas más cosas de las que necesitábamos. Algunas personas de hecho van a comprar para encontrar cosas que las atraigan, y las compran como una especie de afición, como una forma de salir el fin de semana, si se tiene el dinero para ello.
Si lo que vemos nos influye con facilidad, lo mejor es reconocer el estímulo sensorial y detener la mente en la percepción, en la acción de etiquetar. Resulta muy difícil detenerse antes. Así, por ejemplo, si vemos una persona, o incluso si pensamos en una persona, por la que sentimos odio o codicia, alguien que nos desagrada o que deseamos ardientemente, debemos practicar el detenernos al etiquetar: persona, amigo, hombre, mujer. No hay que ir más allá, el resto es nuestro deseo. Esto es lo que significa vigilar los sentidos.
Nuestros sentidos constituyen nuestro equipo de supervivencia. Resulta más fácil sobrevivir si podemos ver y oír que si somos ciegos o sordos. Sin embargo, la mayoría de la gente da por sentado que los sentidos existen para darnos placer. Nos servimos de ellos de este modo y nos enfadamos cuando no consiguen dárnoslo. Entonces culpamos al desencadenante. Si alguien nos desagrada, culpamos a esta persona. No tiene nada que ver con la otra persona que, al igual que nosotros, está compuesta de los cuatro elementos, 6/ tiene los mismos sentidos, los mismos miembros y busca, como nosotros, la felicidad. No hay nada en esa persona que genere desagrado. Todo está en nuestra mente.
Sucede exactamente lo mismo cuando creemos que otra persona nos dará placer. Aquí también tenemos a una persona hecha de los cuatro elementos, con los mismos sentidos, los mismos miembros y el mismo deseo de felicidad que nosotros. No hay ningún motivo para buscar placer en esta persona o culparla si no nos lo da. Todo cuanto debemos hacer es ver “persona”. Nada más. Hay tantas “personas” en el mundo, ¿por qué deberíamos permitir que esta en particular suscite nuestro síndrome de deseo/repugnancia?
Si vigilamos nuestros sentidos, vigilamos nuestras aflicciones, lo que nos permite vivir con una mayor ecuanimidad. Dejamos de estar en ese sube y baja sin fin: arriba cuando obtenemos lo que queremos, abajo cuando no lo obtenemos, lo que induce un continuo sentimiento interior de querer algo que se nos escapa. Nada que pueda poseerse en el mundo, en cualquier lugar, bajo cualquier circunstancia, puede darnos satisfacción. Todo cuanto puede darnos el mundo es una estimulación sensorial: ver, escuchar, gustar, tocar, oler y pensar. Todo ello es efímero y debe reproducirse constantemente, lo que comporta tiempo y energía. Además, aquí tampoco es el estímulo sensorial en sí lo que nos satisface, sino lo que la mente hace con él. Vigilar las puertas de los sentidos es una de las cosas más importantes que podemos hacer, si queremos llevar una vida en paz y armonía, sin preocuparnos por querer lo que no tenemos o no querer lo que tenemos. Estas dos son las únicas causas de dukkha, no hay otras. Si vigilamos nuestros contactos sensoriales y no vamos más allá de las etiquetas, tendremos una muy buena oportunidad para estar a gusto.
“La mente es un mago, puede hacer trucos de magia a cada instante. A la que vamos más allá de la percepción (etiquetar), esto es lo que hará y nos hallaremos arrastrados por el odio o la codicia. En este sentido, el Buddha nos habla de Māra, el “Tentador”. Māra siempre está en nosotros, esperando una oportunidad. Las tentaciones son innecesarias (cuando ocurren debemos superarlas, pero en un primer momento no las necesitamos). Podemos detenernos antes de que empiecen, y esto significa vigilar los sentidos.
Fragmento de: Ayya Khema. “¿Quién es mi yo?”. Apple Books.
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El primero de los seis órganos sensoriales: Los ojos desde la impureza hasta la pureza
Conferencia impartida por el maestro Sheng Yen sobre el capítulo 3 del Surangama Sutra los días 2 y 9 de noviembre de 1986.
En los capítulos anteriores del Surangama Sutra el Buda ha abordado de los cinco skandhas o agregados. Ha señalado que estos skandhas no tienen existencia real, pero no están separados de la realidad.
A partir del tercer capítulo, el* Buda comienza a hablar de las seis entradas, las doce posiciones y los dieciocho reinos. Éstos constan de los mundos material y mental. El Buda plantea la pregunta de si estos mundos tienen existencia real o no.
Las seis entradas son a veces llamadas los seis órganos sensoriales o los seis tipos de raíces del órgano sensorial. Las seis entradas son el ojo, el oído, la nariz, la lengua, el cuerpo y la mente. ¿Por qué son llamadas entradas? Se debe a que estos órganos sensoriales son el origen de todos nuestros problemas. Ellos conducen a la aflicción, y la aflicción conduce al sufrimiento. Todos los seres sensibles anhelan liberarse del sufrimiento.
¿Por qué no nos deshacemos de nuestros órganos sensoriales, si son el origen de nuestros problemas? ¿No sería razonable? Por supuesto que no. No podemos eliminar nuestros sentidos, pero sí debemos emplear de manera correcta y adecuada nuestros ojos, oídos, y todos nuestros seis órganos sensoriales. Estos aún serán entradas, pero deberían dejar de ser entradas de aflicción de manera que se conviertan en entradas de sabiduría. Ya no serían entradas del karma malo, sino más bien entradas de mérito y virtud. Si podemos dar lugar a esto, continuaremos utilizando nuestros órganos sensoriales, pero nos apartaremos del camino de la aflicción y estaremos en el camino de la práctica. Puedes cambiar tu sufrimiento y transformarlo en gran mérito y sabiduría.
Entonces, el sutra dice: “Si tus órganos sensoriales no son puros, aparecerán las aflicciones.” Por decirlo de otra manera: “Si tienes aflicciones, es debido a que tus órganos sensoriales no son puros. Son impuros.”
Cuando tus órganos sensoriales son puros e inmaculados, seguirá la liberación. Cuando tus órganos sensoriales no son puros, aparecerán las aflicciones.
Reducir tus aflicciones es purificar y limpiar tus órganos sensoriales.
Si hay alguien a quien odias o con quien estás enfadado, pregúntate a ti mismo: ¿Qué hay en esta persona que no me gusta? ¿El problema puede quedar reducido a un órgano sensorial particular o una combinación de órganos sensoriales? ¿Es el ojo, el oído, la nariz, la lengua, el cuerpo, la mente, o todos ellos juntos? Pocas personas podrían causar angustia a todos tus seis órganos sensoriales. La aflicción en tan sólo dos o tres de las entradas será suficiente molestia.
Al final de un retiro que dirigí hace algún tiempo en Taiwán, alguien se me acercó diciéndome que el retiro había sido de mucha utilidad. “Pero,” dijo él, “Espero con todo mi corazón que el Sr. fulano y yo nunca volvamos a estar en el mismo retiro otra vez. Si asiste la próxima vez, yo me quedaré en casa.”
Le dije: “Debes haber tenido una larga disputa con él”. ¿Qué fue lo que hizo que provocó en ti tal resentimiento?”
Él dijo: “Fue desde la primera vez que puse mis ojos en él. Nunca me ha hecho nada. Es simplemente que tuve la desgracia de sentarme a su lado y dormir cerca de él. Durante el día el mal olor de su cuerpo me volvió loco. Por la noche sus ronquidos me mantuvieron despierto.”
Estas aflicciones nos acosan a través de la nariz y los oídos.
¿Cuál es el problema de las seis entradas en el Chan? Hay etapas sucesivas por las que debes pasar. En primer lugar, debes aprender a cerrar todos tus órganos sensoriales. Después, serás capaz de abrirlos, pero en esta etapa éstos ya no serán empleados para hacer diferencias o distinciones. Los seis órganos sensoriales percibirán todo y sin embargo se mantendrán impolutos. Sólo cuando hayas alcanzado dicho estado, los seis órganos sensoriales serán considerados completamente puros.
¿Cómo podemos cerrar los órganos sensoriales? Suponiendo que ves a una mujer hermosa o a un hombre atractivo, y suponiendo que esta vista te provoque aflicciones. Simplemente cierra tus ojos por un momento. O si hay lugares donde se congregan personas muy atractivas y eso te distrae, sólo evita ir a esos lugares si puedes. Si haces que tus ojos sean puros, eso conducirá a limpieza y pureza.
Somos engañados a menudo por nuestros ojos. Por ejemplo, cuando comemos, sólo queremos alimentos limpios. No deseamos tocar la comida que se ha caído al suelo; la miramos y la llamamos suciedad. Pero si piensas verdaderamente en todos los procesos por los que pasan los alimentos que comemos y todas las manos que los tocan, verás que no son muy diferentes de aquello que ha caído al suelo. Debido a que antes de comer no ves todos los lugares en los que tu comida ha estado y todas las cosas contenidas en ella, crees que es limpia. Lo que no ves, tocas, sientes o piensas no afectará la limpieza o pureza de tus órganos sensoriales.
El ojo y el oído son los peores delincuentes. El gusto y olfato realmente no causan mucho problema. Pero hay un problema con la mente. Si un pensamiento o una idea te hace infeliz, es mejor no detenerte en ello. Si tu mente está demasiado activa, una declaración de otra persona te hará sacar conclusiones precipitadas y eso creará problema. Sin embargo, si no te permites el querer comprender las implicaciones de lo que se ha dicho, o si consideras la perspectiva de otra persona, no te sentirás molesto.
En este mundo hay demasiadas cosas que provocan sufrimiento a través del ojo y del oído. Podemos reducir estas aflicciones de las entradas a órganos sensoriales evitando que la mente se detenga en lo que se ve y se oye.
Al final, tu práctica alcanzará el estado en el que puedes mantener abiertos tus órganos sensoriales. Entonces lo mirarás todo sin ver nada; lo oirás todo sin escuchar nada. Quizás ésta no sea la mejor manera de dejarlo. Aunque lo veas todo, los que ven realmente son tus ojos, no tú. Son tus oídos los que oyen el sonido, no eres tú. Cada órgano sensorial tiene sensaciones, pero no tienen nada que ver contigo. Tus órganos sensoriales todavía funcionan perfectamente. Si alguien te da una bofetada, reconoces que estás siendo golpeado. Tienes la sensación de que algo está golpeando algo, pero no eres tú el golpeado. De hecho, cualquier cosa que ocurra no tendrá nada que ver contigo.
Patrick, ¿qué pasaría si te acercaras a mí y yo te diera una bofetada? ¿Dirías sólo: “No, no fui yo quien fue golpeado”? ¿No comprendes? Bueno, en ese caso no hay necesidad de que te acerques.
Lo importante es tu estado mental. Si alguien te da una bofetada y le das otra, pero tu mente no se perturba, entonces no has sido golpeado ni tampoco has golpeado a nadie. Si alguien te da una bofetada y te vuelves de inmediato disgustado y enfadado a golpearlo, entonces sí has sido golpeado y has golpeado a otro.
Ahora voy a hablar de cada una de las seis entradas. La primera, los ojos. El sutra dice que no hay tal cosa como la vista. Las personas comunes creen que lo que ven es real. Conectan la vista con lo que es visto o con aquello que ve, y lo consideran como real. Si ven algo y lo perciben como hermoso, querrán mirarlo otra vez y apartarán la mirada de algo feo. Pero el Surangama Sutra declara que no hay tal cosa como vista.
Podrías creer que lo que ves es real, pero cuando estás cansado, o si miras fijamente un determinado punto por un largo periodo de tiempo, se cansan tus ojos y podrías empezar a ver cosas. Tus ojos ven algo que no está allí realmente. Las personas comunes admitirán que lo que ven bajo estas circunstancias es probablemente irreal. Pero si están despiertos, consideran lo que se ve, como algo real. El sutra muestra que lo que es visto da origen a innumerables sensaciones y emociones: enfado, felicidad, tristeza y alegría. Tu mente se ve afectada directamente por lo que ves. Podrías pensar que lo que ves es real, pero en realidad tu vista no es diferente a la de una persona con ojos cansados.
Por ejemplo, quizás no te gustan las personas de cara redonda. A otros tal vez les desagraden las personas de cara larga. La mayoría de las personas no pueden dar razones coherentes para sus preferencias y aversiones. Las impresiones provienen de libros, discusiones, prejuicio común, tu imaginación, y las preferencias y aversiones se construyen lentamente. No hay nada racional acerca del proceso. Nadie decide: “Sí, la lógica demuestra que las caras redondas son todo malas,” o “he determinado que las caras largas son desagradables.” Más bien, parece ser un afecto o aversión intrínsecos hacia dichas características.
Tener dichos prejuicios inherentes significa que tus ojos no funcionan bien. Que están llenos de estrellas y neblinosos. Esto no ocurre sólo por una noche. Nacimos con los ojos neblinosos y nublados. Sólo cuando estén iluminados, tus ojos funcionarán con claridad.
El sutra dice que nuestros ojos están cansados. Y debido a que estamos cansados y tenemos aflicciones, no podemos ver nuestra propia naturaleza con claridad. Esta no es la verdadera vista.
El sutra explica que tres componentes deben estar presentes para que podamos ver: las condiciones dobles de luz y obscuridad, el órgano sensorial del ojo, y el espacio. Sin uno de estos tres, la vista no sucede.
El primer componente de la vista es la condición de luz y obscuridad. No podemos ver sin la luz, pero sin la obscuridad – algo que obstaculiza la luz – no podemos ver tampoco. La luz y la obscuridad deben coexistir para que la vista suceda. El problema es que la luz y la obscuridad son intrínsecamente opuestas. ¿Cómo pueden existir juntas?
De acuerdo al sutra, no podemos aferrarnos a la idea de que son la luz y la obscuridad las que nos permiten ver. Debemos comprender que el tipo de vista al que se refiere el sentido común es realmente la vista de los ojos nublados. El sutra explica que vivimos en un estado ilusorio. A causa de nuestras aflicciones no podemos ver las cosas tal como son realmente. Nótese que el sutra no habla contra el sentido común o el mundo fenoménico, ni se opone a nuestra impresión de la luz y la obscuridad. El sutra simplemente señala que si tratamos de aferrarnos a lo que vemos como real, ello puede conducirnos a la aflicción.
El segundo componente de la vista es el ojo. El ojo por sí sólo no es suficiente para que podamos ver. En una habitación oscura, por ejemplo, ¿qué vemos? Podríamos decir que vemos “negro,” pero eso se debe únicamente a que tenemos memoria de la luz; no es lo que vemos realmente en ese momento. Esto no es más que otra ilusión.
El tercer componente de la vista es la relación espacial. El sentido común nos dice que necesitamos espacio entre los objetos y nuestros ojos para ver. Pero esto, tampoco es del todo cierto. Por ejemplo, soy miope y debo llevar gafas. Para leer debo sostener un libro a cierta distancia. Si me quito las gafas tengo que llevarlo cerca de mis ojos. Gracias a las diversas relaciones espaciales puedo ver. Sin el espacio es imposible ver no obstante, y nuevamente, esto no quiere decir que CON el espacio podemos ver.
Entonces nuestra vista se basa en un fundamento de ilusiones. Lo que vemos no es más que una distorsión. De manera que no deberíamos sentir mucho apego por todo lo que veamos. Nuestros ojos son el origen primario de todas nuestras aflicciones.
Aplicamos un criterio contradictorio a lo que vemos y a lo que consideramos hermoso. El escultor francés, Auguste Rodin, por ejemplo, creó una famosa estatua llamada “El Pensador.” Recibe muchas alabanzas de los críticos de arte. En China hay una serie de estatuas de Cuatro Reyes Celestiales con muslos protuberantes que es considerada como obra maestra. En algunas culturas africanas, los tallados en madera representan la mujer con cuerpos superiores largos y esbeltos, grandes barrigas y piernas cortas, y estos son considerados por la población nativa como ideas de belleza. ¿Cuáles son los verdaderos e invariables criterios de belleza? Estos criterios son artificiales, humanos y variables. No hay estándares absolutos.
Normalmente hablamos de la verdad, el bien y la belleza como si existieran realmente. La verdad pertenece a la filosofía, la virtud a la religión – al menos a la religión mundana – y la belleza al arte. El Budismo no está en contra de la verdad, el bien o la belleza. Pero hay necesidad de liberarse de los apegos a estos conceptos. En un estado de liberación carece de importancia hablar de cosas como verdaderas o no verdaderas, virtuosas o no virtuosas, hermosas o no hermosas.
Si vemos, y no obstante, es como si no hubiéramos visto nada en absoluto, esto es la verdadera vista. Es sólo este estado el que está de acuerdo con la verdadera naturaleza de Tathagatagarbha. En ella lo vemos todo, y sin embargo no hay respuesta emocional de amor u odio, o discriminación, belleza o fealdad. No hay distinciones; todo se ve igual. Eso es la Verdadera Talidad de Tathagatagarbha, que es también llamada la pureza del órgano sensorial del ojo.
Entonces, si ves las cosas que a ti no te gustan especialmente, o las personas que no te gustan especialmente, o si ves las cosas o personas que te interesan, entonces, ¿cuán puros e inmaculados son tus ojos? Si no hemos alcanzado el estado donde el órgano sensorial del ojo es puro, entonces lo que vemos puede conducir a la aflicción. Por lo tanto debemos usar las enseñanzas del sutra para ayudarnos a vencer nuestros apegos. Podemos emplear la dialéctica del sutra para recordarnos a nosotros mismos que todo lo que veamos (la combinación de la luz y la oscuridad, el órgano de la vista, y la relación espacial) es ilusorio. A la larga, no hay ninguna razón para sentir apego por lo que vemos.
Hace alrededor de un año, una chica de colegio vino a verme para pedir consejo sobre un asunto personal. Ella había visto a un hombre en una fiesta y su mente no podría librarse de él. Sus amigos le arreglaron una cita con él. Se hicieron amigos, pero él no mostraba un interés particular en ella. Estaba disgustada, sin embargo, ella era demasiado tímida para tomar la iniciativa. Me preguntó si podría existir alguna afinidad kármica porque ella estaba obsesionada con él. Dije: “Si realmente hubiera alguna estrecha afinidad kármica de una vida anterior, entonces la primera vez que te vio debería haber sentido de la misma manera que tú la sentías. Pero si sólo tú lo sentiste y él no, entonces parecería que eso es únicamente tu propia aflicción kármica.” Ella me preguntó qué hacer, puesto que estaba teniendo problemas para concentrarse en sus estudios. Le estaba yendo mal en la escuela, y no podía encontrar ningún sentido a su vida. ¿Qué le dirías ?
Le dije que intentara concentrarse en su trabajo escolar y nada más. Si eso no funcionaba, le sugerí que se preguntara a sí misma: “¿Qué vi? ¿Qué fue lo que me hizo sentir de esta manera?” Ella debía comprender que lo que estaba viendo no era más que una imagen falsa; no era la persona verdadera. Pero ella objetó: “Lo que vi fue una persona real.”
Dije: “Bueno, estabas en un estado emocional; dio la casualidad de que este hombre estaba a tu alrededor y tu obstrucción kármica se manifestó en él. Deberías tratar de verlo con claridad; ver lo que él realmente es. Podría no valer la pena dedicarle tanto tiempo y emoción.” Entonces ella dijo: “Eso es razonable pero todavía no puedo deshacerme de este sentimiento que tengo hacia él. ¿Qué debo hacer?” “En este caso,” contesté, “no seas tan tímida. Acércate a él y pregúntale, “¿Me amas o no?” Ella dijo: “Si lo hiciera, él podría mirarme por encima del hombro y negarse a tener que ver algo conmigo.” Dije: “Bueno, eso es la mejor solución que puedo ofrecerte.”
Cualquier problema que pudieras tener – simplemente ven a mí. Tengo muchas soluciones como ésta. Pero será mejor que practiques. Esa será la mejor solución.
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Notas del editor:
* decía “engul”, lo cual no hace ningún sentido, lo cambié por el.
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Fuente:
http://spanish.dharmadrum.org/budismo/budismo.aspx?cid=C_00000066&ccid=C_00000164