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Meditación en la Cámara de los Espejos

Jardín de Ninfas


Meditación en la Cámara de los Espejos

Imagina que estás en un jardín hermoso, el más hermoso en el que hayas estado o puedes imaginar el jardín ideal en el que te gustaría estar. Recórrelo con tu ojo interior y ve sus árboles, sus flores, sus mariposas, sus aves, sus pastos, sus frutos.

Ahora imagina que en una esquina de ese jardín hay el Cuarto de los Tiliches, que es una casita de madera donde guardan todos los objetos de jardinería: mangueras, tijeras, guantes, la podadora, cuerdas, etc. Generalmente todo está amontonado, desordenado. Aunque podría estar en perfecto orden. Simplemente obsérvalo.

Ahora imagina que en medio del jardín hay una inmensa torre, como las Torres de Control de los aeropuertos. Tiene una escalera de caracol por la cual puedes subir al “plato” de arriba, donde está la Cámara de los Espejos. Date permiso de subir a la torre por su escalera giratoria o si quieres imaginar un elevador también está bien. Sube a la parte de arriba donde está un salón secreto donde nadie más que tu puede entrar. Es tu lugar privado, tu escenario interno de conciencia.

Todo el salón está rodeado de espejos, los cuales permiten ver hacia afuera, pero nadie puede ver hacia adentro. Así que puedes asomarte a uno de ellos y ver abajo tu hermoso jardín y en una esquina del mismo al Cuarto de los Tiliches, el cual representa tu mente ordinaria, tu mente de todos los días, la que algunos llaman “la jaula de las locas” y otros llaman la “mente de mono” porque nunca se queda quieta, porque todo el tiempo salta de un pensamiento a otro, de una idea a otra, de un recuerdo a otro, de una imagen a otra, de una emoción a otra, de un deseo o intención a otro, etc.

Ahora recorre tu mirada por la Cámara de los Espejos. Es un lugar hermoso, totalmente limpio, todo ordenado. Puedes imaginar que es de forma triangular o cuadrado o como un pentágono o hexágono, o un heptágono o un octágono o totalmente circular. Pero todo rodeado de espejos.

Ahora siéntate frente a uno de los espejos y trae a él la imagen del árbol más bonito que hayas visto en tu vida o el que más te haya inspirado o por el cual te hayas sentido más cobijado o protegido. Ese árbol simboliza a toda la Madre Naturaleza, a la Pachamama. Siente su sombra, siente su frescura, siente cómo te regala su oxígeno para que respires profundamente. Siente su energía. Y ahora aplica el hoponopono con ese árbol, que simboliza a toda la naturaleza:

Y dile:

1. Lo siento Madre Naturaleza, madre Gaia, por todo el daño que te hemos hecho los humanos, por toda la contaminación, por el calentamiento global, por la destrucción de los habitat naturales.

2. Perdónanos por ese daño que te hemos hecho.

3. Gracias por tu perdón.

4. Y la cuarta palabra tu elígela, la que te salga de tu corazón, pero que sea una palabra sincera. Por ejemplo puedes decirle: “te amo, madre Naturaleza”, “te admiro”, “te respeto”, “no puedo vivir sin ti”, etc.

Siente cómo la energía de la naturaleza es muy pura, muy limpia, muy cristalina. Generalmente no tenemos conflicto con la madre naturaleza. Dependemos de ella para vivir, para sobrevivir, así que generalmente sentimos una conexión muy bonita con la Madre Naturaleza por ejemplo cuando vemos un atardecer o un amanecer o cuando vamos a caminar por el bosque o cuando vemos un paisaje inmenso donde nada interrumpe nuestra visión del horizonte o cuando oímos las olas del mar y vemos dónde se pierde en el horizonte o cuando estamos junto a un hermoso lago, etc.

Ahora muévete al siguiente espejo y vas a poner ahí a una niñita o un niñito de cinco años o menos que te representa a ti cuando tenías esa edad. Es tu niña o tu niño interior el cual te mira a los ojos y te sonríe. ¿Qué sientes cuando sientes su mirada? ¿Te sientes juzgado o te sientes reconocido? Permítete verla o verlo a los ojos. ¿Qué pensamientos o emociones surgen en tu mente? ¿Esa niña o niño se averguenza de lo en que te has convertido o de lo que has hecho con tu vida o está orgulloso de ti? Puedes decirle:

- Mira, soy tu de grande.

Y quizá él te responda:

- Mira, soy tu cuando eras pequeño.

¿Qué le dirías a ese niño o niña? ¿Qué te diría él o ella?

Y siente su energía. ¿Es la misma energía que sentiste con el árbol, con la madre naturaleza?

Y aplica también el hoponopono con tu niño o niña interior:

Lo siento por todo lo que te he hecho o dejado de hacer.

Perdóname.

Gracias.

Y elige la cuarta palabra que quieras. ¿Qué te dirías a ti mismo? “Te amo”, “te quiero”, “re respeto”, “te admiro” o “no quiero saber nada de ti”, “me avergüenzo de ti”, “estoy enojado contigo”... Checa en tu mente-corazón qué palabra sale de ti para ti, pero se absolutamente sincero. No te mientas a ti mismo, porque tu vales lo que vale tu palabra, si tu palabra no vale, entonces tu no vales nada.

Ahora muévete al siguiente espejo y pon ahí a tu madre. ¿Qué emoción surge, qué pensamiento? ¿Hace cuánto no veías a Mama a los ojos? ¿Hace cuánto no mirabas su sonrisa? Permítete ver a mama a los ojos y permite que sus ojos se posen en los tuyos. ¿Qué sientes cuando ves a Mamá a los ojos? ¿Es algo que acostumbras o prefieres no enfrentar su mirada? ¿Qué te dice mamá con su simple mirada, sin necesidad de pronunciar ninguna palabra? ¿Sientes su amor o sientes juicio o reproche por parte de ella? ¿Qué sientes tu hacia mamá? Igualmente ¿sientes amor hacia ella o sientes reproche, crítica o juicio? Si es esto último, quizá es el momento que te reconcilies con mamá, que la perdones. Ella hizo lo mejor que pudo por ti, de acuerdo a sus fortalezas y debilidades, a sus recursos y a su talento, pero también de acuerdo a sus circunstancias. Ella te dio lo mejor: tu vida. Te cuidó en su vientre por nueve meses y cuando eras un/una bebito/a. No hubieras podido sobrevivir sin los cuidados y protección de mama. Te daba alimento, amor, seguridad, enseñanzas.

¿Hace cuánto no platicas con mamá? No importa si vive o está muerta. Aquí, en la Cámara de los Espejos nadie muere, ahí puedes platicar con todos tus seres queridos estén en este o en otro plano de existencia. Así que puedes aquí tener esa plática que has tenido pendiente durante tanto tiempo con mamá. Dile lo que piensas, dile lo que sientes, pregúntale todo lo que siempre has querido saber, y cuando estés listo, practica también el hoponopono con mamá:

- Lo siento mama por todo lo que dije o no dije, por todo lo que te hice o no te hice.

- Perdóname mama.

- Gracias por tu perdón. Yo también te perdono.

- Y elige la cuarta palabra que sale de tu corazón para mama: “te amo”, “te quiero”, “te respeto”, “te admiro” o “estoy enojado contigo”, “estoy molesto”, “por ahora no quiero decirte nada”, lo que haya sinceramente en tu mente-corazón pero no te engañes y no la engañes a ella.

¿Te diste cuenta cómo cambió la energía a que cuando estabas frente al árbol-naturaleza o frente a tu niño interior? Simplemente date cuenta, ese es uno de los aprendizajes de la meditación: estar atento, darte cuenta, percibir todo lo que se presenta ante el escenario de tu conciencia o de tu mente.

Ahora muévete al siguiente espejo, ya sea con la mirada o incluso físicamente y pon ahí a papá. ¿Qué emoción viene a tu mente, qué pensamientos, qué palabras? Velo a los ojos y permite que sus ojos se posen en tí. ¿Qué sientes cuando tienes a papá enfrente? ¿Es la misma sensación y energía que cuando tienes enfrente a mamá? ¿Qué sientes hacia papa: amor, miedo, ternura, enojo, respeto, admiración, etc.? Permítete sentir cualquier emoción o sentimiento que surja. Acuérdate que estás en un lugar protegido, en tu lugar secreto, donde nada te puede pasar, un lugar donde puedes resolver cualquier problema o mejorar la relación interpersonal con cualquier ser, ya sea familiar o amigo. Estás en el escenario más elevado de tu conciencia, tu lugar privado, secreto, donde nadie puede entrar más que tu.

Y ¿qué le vas a decir a papa?

- Lo siento

- Perdóname

- Gracias

- Y qué palabra eliges para tu padre: ¿”te amo”? ¿”te quiero”? ¿”te extraño”? ¿”Estoy enojado contigo”?... revisa tu mente-corazón y dile lo que te nazca.

Y así, ve con cada uno de tus hermanos, abuelos, tíos, sobrinos, primos, amigos, conocidos. Pero cada uno a la vez, de uno en uno, cada quien en su propio espejo. En esa Cámara tienes miles, millones de espejos, así que no te preocupes. Con tu imaginación puedes crear tantos espejos como necesites, pero ve revisando la energía que sientes con cada uno de los seres que te han acompañado en el viaje de tu vida.

Y ahora date cuenta la paz, la tranquilidad, el bienestar e incluso la felicidad que sientes en la Cámara de los Espejos y vuélvete a asomar a tu jardín que se quedó allá abajo e incluso echa una mirada al Cuarto de los Tiliches y recuerda cómo cuando estás ahí tu mente se pone inquieta, nerviosa, estresada e incluso algo neurótica. Y cómo ahora que estás en la Cámara de los Espejos tu mente se calma, se tranquiliza y siente la paz que se respira ahí arriba, como que el aire es más puro, más limpio, un aire que te vivifica, que te sana, que renueva tu energía vital.

Y ahora pregúntate: ¿hace cuánto que no subías a tu Cámara de los Espejos? ¿Hace cuánto tiempo no visitabas el escenario interno de tu conciencia, tu conciencia más elevada, tu conciencia más pura? ¿Por qué? ¿Por qué no habías subido? ¿Por qué no te habías dado el permiso? ¿Estabas realmente tan ocupado allá abajo resolviendo problemas o planteandote proyectos o distraido en quién sabe cuántas ocupaciones o activititis?

No importa el motivo, lo importante es que hoy te diste permiso de subir, te regalaste contactar con tu yo más profundo, te diste este regalo y agradecete por haber “visitado tu casa”, a la cual regresaste como un “hijo pródigo” que hacía muchísimo tiempo que había abandonado su hogar, pero que hoy regresó.

Y si quieres vuélvete a aplicar el hoponopono a tí mismo:

- Lo siento por no haber contactado con mi mente superior en tanto tiempo.

- Perdóname. Y date el perdón a ti mismo. De ti para ti.

- Gracias. Agradécete el darte la oportunidad de trabajar con tu mente, de entrenarla, de hacer esta meditación que te conecta con lo más profundo de ti y que te permite sanar tus relaciones y trabajar en tu espiritualidad.

- Y qué sería la cuarta palabra que te dirías a ti mismo: “me amo”, “me quiero”, “estoy orgulloso de mi”, “me respeto”... Háblate bonito, con cariño, con consideración. Si no te amas a ti, difícilmente vas a poder amar a nadie, pues sería muy incongruente que me digas que amas a todo el mundo menos a ti mismo. ¿verdad?. ¿Y si no das amor, cómo entonces lo vas a recibir? Porque el amor es como el agua que viertes en el mar: mientras más le echas, más te la devuelve o regresa. Lo cual no quiere decir que sea fácil amarse a uno mismo, quererse, aceptarse, pero vale la pena intentarlo. Pero no confundas el verdadero auto-amor a el sentimiento de autosobrevalorarte a ti más que a los demás o estar autocentrado o asumir un falso orgullo o incluso una posición soberbia. ¡No!. Estamos hablando de ese amor suave, de ese amor que se vuelve como el calor o la fuerza vital que te mantiene vivo, que le da sentido a tu existencia y que te permite sobrevivir estando en compañía o en soledad, en medio del ruido o del silencio, en medio de la salud o la enfermedad, con toda la fuerza vital o al borde de la muerte. Ese amor que debe acompañarte siempre, abrazarte en los momentos difíciles y alegrarse contigo en los momentos felices.

... Y cuando estés listo, poco a poco ve regresando al aquí y al ahora y cuando te sientas con ánimo ve bajando nuevamente de la Torre de la Cámara de los Espejos y regresa a tu jardín y al cuarto de los tiliches y recuerda que incluso puedes pedirle a tus seres queridos allá arriba que te ayuden a arreglarlo, que te den consejos, ideas, que te compartan su sabiduría, su bondad, su compasión, sus experiencias...

Gracias por haberte dado la oportunidad de visitar tu escenario interno de conciencia.

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Conocí otra versión de esta meditación por el Dr. Alfonso Ruiz Soto en su Curso de Semiología de la Vida Cotidiana ©


Castillo de Chapultepec